"¬ŅSe√Īor, a qui√©n iremos?. T√ļ tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



!SUSCRIBIRSE!

Registra su correo (sin cargo)


Confirme su correo

















 

Domingo de Ramos en la Pasi√≥n del Se√Īor

Santo(s) del d√≠a : San Eutasio de Luxe√ľil
image Saber más cosas a propósito de los Santos del día

Lecturas

Leer el comentario del Evangelio por : Una homilía
“He aquí que viene tu rey, humilde, montado sobre un pollino, ...(cf Za 9,9)

Evangelio seg√ļn San Marcos 14,1-72.15,1-47.
Faltaban dos d√≠as para la fiesta de la Pascua y de los panes Acimos. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban la manera de arrestar a Jes√ļs con astucia, para darle muerte.
Porque decían: "No lo hagamos durante la fiesta, para que no se produzca un tumulto en el pueblo".
Mientras Jes√ļs estaba en Betania, comiendo en casa de Sim√≥n el leproso, lleg√≥ una mujer con un frasco lleno de un valioso perfume de nardo puro, y rompiendo el frasco, derram√≥ el perfume sobre la cabeza de Jes√ļs.
Entonces algunos de los que estaban all√≠ se indignaron y comentaban entre s√≠: "¬ŅPara qu√© este derroche de perfume?
Se hubiera podido vender por m√°s de trescientos denarios para repartir el dinero entre los pobres". Y la criticaban.
Pero Jes√ļs dijo: "D√©jenla, ¬Ņpor qu√© la molestan? Ha hecho una buena obra conmigo.
A los pobres los tendrán siempre con ustedes y podrán hacerles bien cuando quieran, pero a mí no me tendrán siempre.
Ella hizo lo que podía; ungió mi cuerpo anticipadamente para la sepultura.
Les aseguro que allí donde se proclame la Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo".
Judas Iscariote, uno de los Doce, fue a ver a los sumos sacerdotes para entregarles a Jes√ļs.
Al oírlo, ellos se alegraron y prometieron darle dinero. Y Judas buscaba una ocasión propicia para entregarlo.
El primer d√≠a de la fiesta de los panes Acimos, cuando se inmolaba la v√≠ctima pascual, los disc√≠pulos dijeron a Jes√ļs: "¬ŅD√≥nde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?".
El envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: "Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo,
y d√≠ganle al due√Īo de la casa donde entre: El Maestro dice: '¬ŅD√≥nde est√° mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis disc√≠pulos?'.
El les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario".
Los disc√≠pulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jes√ļs les hab√≠a dicho y prepararon la Pascua.
Al atardecer, Jes√ļs lleg√≥ con los Doce.
Y mientras estaban comiendo, dijo: "Les aseguro que uno de ustedes me entregar√°, uno que come conmigo".
Ellos se entristecieron y comenzaron a preguntarle, uno tras otro: "¬ŅSer√© yo?".
El les respondió: "Es uno de los Doce, uno que se sirve de la misma fuente que yo.
El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!".
Mientras com√≠an, Jes√ļs tom√≥ el pan, pronunci√≥ la bendici√≥n, lo parti√≥ y lo dio a sus disc√≠pulos, diciendo: "Tomen, esto es mi Cuerpo".
Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella.
Y les dijo: "Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos.
Les aseguro que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios".
Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos.
Y Jes√ļs les dijo: "Todos ustedes se van a escandalizar, porque dice la Escritura: Herir√© al pastor y se dispersar√°n las ovejas.
Pero después que yo resucite, iré antes que ustedes a Galilea".
Pedro le dijo: "Aunque todos se escandalicen, yo no me escandalizaré".
Jes√ļs le respondi√≥: "Te aseguro que hoy, esta misma noche, antes que cante el gallo por segunda vez, me habr√°s negado tres veces".
Pero él insistía: "Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré". Y todos decían lo mismo.
Llegaron a una propiedad llamada Getseman√≠, y Jes√ļs dijo a sus disc√≠pulos: "Qu√©dense aqu√≠, mientras yo voy a orar".
Después llevó con él a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir temor y a angustiarse.
Entonces les dijo: "Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí velando".
Y adelantándose un poco, se postró en tierra y rogaba que, de ser posible, no tuviera que pasar por esa hora.
Y decía: "Abba -Padre- todo te es posible: aleja de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya".
Despu√©s volvi√≥ y encontr√≥ a sus disc√≠pulos dormidos. Y Jes√ļs dijo a Pedro: "Sim√≥n, ¬Ņduermes? ¬ŅNo has podido quedarte despierto ni siquiera una hora?
Permanezcan despiertos y oren para no caer en la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil".
Luego se alejó nuevamente y oró, repitiendo las mismas palabras.
Al regresar, los encontr√≥ otra vez dormidos, porque sus ojos se cerraban de sue√Īo, y no sab√≠an qu√© responderle.
Volvió por tercera vez y les dijo: "Ahora pueden dormir y descansar. Esto se acabó. Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.
¬°Lev√°ntense! ¬°Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar".
Jes√ļs estaba hablando todav√≠a, cuando se present√≥ Judas, uno de los Doce, acompa√Īado de un grupo con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos.
El traidor les hab√≠a dado esta se√Īal: "Es aquel a quien voy a besar. Det√©nganlo y ll√©venlo bien custodiado".
Apenas llegó, se le acercó y le dijo: "Maestro", y lo besó.
Los otros se abalanzaron sobre él y lo arrestaron.
Uno de los que estaban allí sacó la espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja.
Jes√ļs les dijo: "Como si fuera un bandido, han salido a arrestarme con espadas y palos.
Todos los d√≠as estaba entre ustedes ense√Īando en el Templo y no me arrestaron. Pero esto sucede para que se cumplan las Escrituras".
Entonces todos lo abandonaron y huyeron.
Lo seguía un joven, envuelto solamente con una sábana, y lo sujetaron;
pero él, dejando la sábana, se escapó desnudo.
Llevaron a Jes√ļs ante el Sumo Sacerdote, y all√≠ se reunieron todos los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas.
Pedro lo había seguido de lejos hasta el interior del palacio del Sumo Sacerdote y estaba sentado con los servidores, calentándose junto al fuego.
Los sumos sacerdotes y todo el Sanedr√≠n buscaban un testimonio contra Jes√ļs, para poder condenarlo a muerte, pero no lo encontraban.
Porque se presentaron muchos con falsas acusaciones contra él, pero sus testimonios no concordaban.
Algunos declaraban falsamente contra Jes√ļs:
"Nosotros lo hemos oído decir: 'Yo destruiré este Templo hecho por la mano del hombre, y en tres días volveré a construir otro que no será hecho por la mano del hombre'".
Pero tampoco en esto concordaban sus declaraciones.
El Sumo Sacerdote, poni√©ndose de pie ante la asamblea, interrog√≥ a Jes√ļs: "¬ŅNo respondes nada a lo que estos atestiguan contra ti?".
El permanec√≠a en silencio y no respond√≠a nada. El Sumo Sacerdote lo interrog√≥ nuevamente: "¬ŅEres el Mes√≠as, el Hijo de Dios bendito?".
Jes√ļs respondi√≥: "S√≠, yo lo soy: y ustedes ver√°n al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir entre las nubes del cielo".
Entonces el Sumo Sacerdote rasg√≥ sus vestiduras y exclam√≥: "¬ŅQu√© necesidad tenemos ya de testigos?
Ustedes acaban de o√≠r la blasfemia. ¬ŅQu√© les parece?". Y todos sentenciaron que merec√≠a la muerte.
Después algunos comenzaron a escupirlo y, tapándole el rostro, lo golpeaban, mientras le decían: "¡Profetiza!". Y también los servidores le daban bofetadas.
Mientras Pedro estaba abajo, en el patio, llegó una de las sirvientas del Sumo Sacerdote
y, al ver a Pedro junto al fuego, lo mir√≥ fijamente y le dijo: "T√ļ tambi√©n estabas con Jes√ļs, el Nazareno".
El lo negó, diciendo: "No sé nada; no entiendo de qué estás hablando". Luego salió al vestíbulo.
La sirvienta, al verlo, volvió a decir a los presentes: "Este es uno de ellos".
Pero √©l lo neg√≥ nuevamente. Un poco m√°s tarde, los que estaban all√≠ dijeron a Pedro: "Seguro que eres uno de ellos, porque t√ļ tambi√©n eres galileo".
Entonces él se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre del que estaban hablando.
En seguida cant√≥ el gallo por segunda vez. Pedro record√≥ las palabras que Jes√ļs le hab√≠a dicho: "Antes que cante el gallo por segunda vez, t√ļ me habr√°s negado tres veces". Y se puso a llorar.
En cuanto amaneci√≥, los sumos sacerdotes se reunieron en Consejo con los ancianos, los escribas y todo el Sanedr√≠n. Y despu√©s de atar a Jes√ļs, lo llevaron y lo entregaron a Pilato.
Este lo interrog√≥: "¬ŅT√ļ eres el rey de los jud√≠os?". Jes√ļs le respondi√≥: "T√ļ lo dices".
Los sumos sacerdotes multiplicaban las acusaciones contra él.
Pilato lo interrog√≥ nuevamente: "¬ŅNo respondes nada? ¬°Mira de todo lo que te acusan!".
Pero Jes√ļs ya no respondi√≥ a nada m√°s, y esto dej√≥ muy admirado a Pilato.
En cada Fiesta, Pilato ponía en libertad a un preso, a elección del pueblo.
Había en la cárcel uno llamado Barrabás, arrestado con otros revoltosos que habían cometido un homicidio durante la sedición.
La multitud subió y comenzó a pedir el indulto acostumbrado.
Pilato les dijo: "¬ŅQuieren que les ponga en libertad al rey de los jud√≠os?".
El sabía, en efecto, que los sumos sacerdotes lo habían entregado por envidia.
Pero los sumos sacerdotes incitaron a la multitud a pedir la libertad de Barrab√°s.
Pilato continu√≥ diciendo: "¬ŅQu√© debo hacer, entonces, con el que ustedes llaman rey de los jud√≠os?".
Ellos gritaron de nuevo: "¡Crucifícalo!".
Pilato les dijo: "¬ŅQu√© mal ha hecho?". Pero ellos gritaban cada vez m√°s fuerte: "¬°Crucif√≠calo!".
Pilato, para contentar a la multitud, les puso en libertad a Barrab√°s; y a Jes√ļs, despu√©s de haberlo hecho azotar, lo entreg√≥ para que fuera crucificado.
Los soldados lo llevaron dentro del palacio, al pretorio, y convocaron a toda la guardia.
Lo vistieron con un manto de p√ļrpura, hicieron una corona de espinas y se la colocaron.
Y comenzaron a saludarlo: "¡Salud, rey de los judíos!".
Y le golpeaban la cabeza con una ca√Īa, le escup√≠an y, doblando la rodilla, le rend√≠an homenaje.
Despu√©s de haberse burlado de √©l, le quitaron el manto de p√ļrpura y le pusieron de nuevo sus vestiduras. Luego lo hicieron salir para crucificarlo.
Como pasaba por all√≠ Sim√≥n de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que regresaba del campo, lo obligaron a llevar la cruz de Jes√ļs.
Y condujeron a Jes√ļs a un lugar llamado G√≥lgota, que significa: "lugar del Cr√°neo".
Le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó.
Después lo crucificaron. Los soldados se repartieron sus vestiduras, sorteándolas para ver qué le tocaba a cada uno.
Ya mediaba la ma√Īana cuando lo crucificaron.
La inscripción que indicaba la causa de su condena decía: "El rey de los judíos".
Con él crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.


Los que pasaban lo insultaban, mov√≠an la cabeza y dec√≠an: "¬°Eh, t√ļ, que destruyes el Templo y en tres d√≠as lo vuelves a edificar,
s√°lvate a ti mismo y baja de la cruz!".
De la misma manera, los sumos sacerdotes y los escribas se burlaban y decían entre sí: "¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo!
Es el Mesías, el rey de Israel, ¡que baje ahora de la cruz, para que veamos y creamos!". También lo insultaban los que habían sido crucificados con él.
Al mediodía, se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde;
y a esa hora, Jes√ļs exclam√≥ en alta voz: "Eloi, Eloi, lam√° sabactani", que significa: "Dios m√≠o, Dios m√≠o, ¬Ņpor qu√© me has abandonado?".
Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: "Está llamando a Elías".
Uno corri√≥ a mojar una esponja en vinagre y, poni√©ndola en la punta de una ca√Īa le dio de beber, diciendo: "Vamos a ver si El√≠as viene a bajarlo".
Entonces Jes√ļs, dando un gran grito, expir√≥.
El velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
Al verlo expirar así, el centurión que estaba frente a él, exclamó: "¡Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios!".
Había también allí algunas mujeres que miraban de lejos. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé,
que segu√≠an a Jes√ļs y lo hab√≠an servido cuando estaba en Galilea; y muchas otras que hab√≠an subido con √©l a Jerusal√©n.
Era día de Preparación, es decir, víspera de sábado. Por eso, al atardecer,
Jos√© de Arimatea -miembro notable del Sanedr√≠n, que tambi√©n esperaba el Reino de Dios- tuvo la audacia de presentarse ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jes√ļs.
Pilato se asombró de que ya hubiera muerto; hizo llamar al centurión y le preguntó si hacía mucho que había muerto.
Informado por el centurión, entregó el cadáver a José.
Este compr√≥ una s√°bana, baj√≥ el cuerpo de Jes√ļs, lo envolvi√≥ en ella y lo deposit√≥ en un sepulcro cavado en la roca. Despu√©s, hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.
María Magdalena y María, la madre de José, miraban dónde lo habían puesto.


 
©Evangelizo.org 2001-2015