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Martes de la tercera semana de Pascua
Leer el comentario del Evangelio por
San Nersès Snorhali (1102-1173), patriarca armenio de la Iglesia católica
Jesús, Hijo único del Padre § 150-161; SC 203
«Es mi Padre quien es da el verdadero pan del cielo»
Para los hebreos, separaste en dos el mar a la vista de todos (Ex 14); y para mí, tinieblas espesas. En aquel tiempo te tragaste al Faraón; y ahora, al Príncipe de este mundo, autor de la muerte (Jn 12,31; 8,44). Para ellos, fuiste nube protectora durante el día y de noche, columna de fuego (Ex 13,21). Para mí mi luz, es el conocimiento de tu Hijo, el Verbo, y mi protección, es el Espíritu Santo.
En aquel tiempo, diste el maná perecedero, y los que lo comieron murieron; ahora, es tu cuerpo celeste que da vida a los que lo comen.
Ellos, bebieron el agua que brotaba del peñasco (Ex 17), y yo he bebido la sangre de tu costado, tú mi Roca (Jn 16,34; Sal. 18,3). Ellos, vieron suspendida la serpiente de bronce (Núm. 21,9), y yo, te he visto sobre la cruz, tú que eres la vida. A ellos, les diste la Ley de Moisés, escrita sobre tablas de piedra; y a mí, la sabiduría de tu Espíritu, tu Evangelio divino. Por eso me será exigido, en relación al bien, mucho más que lo que se les exigirá a ellos... Ya que tú llegaste a ser su Expiador, Oh Señor mío, lleno de piedad, Hijo único del Padre...
No me impidas como a la mayoría de ellos entrar en tu Tierra prometida, sino que con los que entraron (Dt 1,36; 31,3), introdúceme en tu patria celeste.
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