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Martes de la cuarta semana de Pascua
Leer el comentario del Evangelio por
Simeón el Nuevo Teólogo (c. 949-1022), monje griego
Himno 21, 468 s; SC 174
«El Padre y yo, somos uno»
Enviado y salido del Padre, el Verbo descendió y habitó por completo en las entrañas de la Virgen. Estaba plenamente en el Padre, y por entero estaba en este pecho virginal, y entero en todo, él, que nada puede contener...
Permaneciendo inmutable, tomó la forma de esclavo (Flp. 2,7) y después de haber sido dado a luz, se hizo un hombre totalmente... ¿Cómo afirmar lo que es imposible explicar a todos los ángeles, a los arcángeles y a todo ser creado ? Pensamos en ello de manera verdadera, pero no podemos en absoluto expresarlo, y nuestro espíritu no puede comprenderlo verdadera y perfectamente.
¿Cómo, pues, Dios y hombre, y hombre - Dios es también el Hijo del Padre, por entero, de manera que no se separan; cómo llegó a ser hijo de la Virgen y vino al mundo; y cómo es imposible ser contenido por todos?... Ahora permanecerás en silencio porque aunque quisieras hablar, tu espíritu no encontrará palabra, y tu lengua habladora permanecerá silenciada...
Gloria a tí, Padre, Hijo y Espíritu Santo divinidad no indivisa en su naturaleza. Te adoramos en el Espíritu Santo, nosotros que poseemos tu espíritu, porque lo hemos recibido de ti. Y, viendo tu gloria, nosotros no buscamos indiscriminadamente, sino que es en Él, tu Espíritu, en el que te vemos, Padre no engendrado, y en tu Verbo engendrado que sale de ti. Y adoramos la Trinidad indivisible y sin mezcla en su única divinidad, soberanía y potencia.
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