"¬ŅSe√Īor, a qui√©n iremos?. T√ļ tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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Vigésimo noveno Domingo del tiempo ordinario
Leer el comentario del Evangelio por
San Juan Crisóstomo (345?-407), presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
Homilías contra los anoméos, 8,6; PG 48, 776-777, en Elhougne, Les Pères commentent, pag. 299

‚ÄúPorque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.‚ÄĚ

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Lo que los dos hermanos, Juan y Santiago quer√≠an, al aspirar a los primeros puestos, a los cargos y honores m√°s destacados, era seg√ļn mi parecer, tener autoridad sobre los dem√°s. Por esto Jes√ļs se opone a su pretensi√≥n. Descubre y pone al desnudo sus pensamientos secretos cuando les dice: ‚ÄúEl que quiera ser primero, sea esclavo de todos.‚ÄĚ Dicho de otra manera: "Si aspir√°is a los primeros puestos y a los grandes honores, buscad el √ļltimo lugar, esforzaos a ser los m√°s sencillos, los m√°s humildes y peque√Īos entre todos. Poneos detr√°s de los otros. Esta es la virtud que conduce al honor que dese√°is. Ten√©is cerca de vosotros un ejemplo elocuente, 'porque el Hijo del hombre¬†¬†no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.' As√≠ obtendr√©is gloria y celebridad. Mirad lo que me toca vivir no busco ni honra ni gloria, y no obstante, el bien que realizo de esta manera es infinito.‚ÄĚ

        Lo sabemos: antes de la encarnación de Cristo  y su abajamiento, todo estaba perdido, todo estaba corrompido; pero, después de que él se humillara, nos lo ha revelado todo. Ha abolido la maldición, ha destruido la muerte, ha abierto el paraíso, ha dado muerte al pecado, ha roto los cerrojos de las puertas del cielo para introducir las primicias de nuestra humanidad. El ha propagado la fe por todo el mundo. Ha expulsado el error y ha establecido la verdad. Ha hecho tomar posesión del trono a las primicias de nuestra naturaleza. Cristo es el autor de beneficios innumerables que mi palabra ni ninguna palabra humana es capaz de expresar. Antes de su abajamiento, sólo los ángeles lo contemplaron, pero después que él se humillara la raza humana entera lo ha reconocido.



 
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