"¬ŅSe√Īor, a qui√©n iremos?. T√ļ tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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Sábado de la trigésima segunda semana del tiempo ordinario

Libro de la Sabiduría 18,14-16.19,6-9.
Cuando un silencio apacible envolvía todas las cosas, y la noche había llegado a la mitad de su rápida carrera,
tu Palabra omnipotente se lanz√≥ desde el cielo, desde el trono real, como un guerrero implacable, en medio del pa√≠s condenado al exterminio. Empu√Īando como una espada afilada tu decreto irrevocable,
se detuvo y sembró la muerte por todas partes: a la vez que tocaba el cielo, avanzaba sobre la tierra.
Porque la creación entera, obedeciendo a tus órdenes, adquiría nuevas formas en su propia naturaleza, para que tus hijos fueran preservados incólumes.
Se vio a la nube cubrir el campamento con su sombra y emerger la tierra seca de lo que antes era agua; apareció en el Mar Rojo un camino despejado y una verde llanura, entre las olas impetuosas:
por allí paso todo un pueblo, protegido por tu mano, contemplando prodigios admirables.
Eran como caballos en un pastizal y retozaban como corderos, alab√°ndote a ti, Se√Īor, su liberador.

Salmo 105(104),2-3.36-37.42-43.
Canten al Se√Īor con instrumentos musicales,
pregonen todas sus maravillas!
¡Gloríense en su santo Nombre,
al√©grense los que buscan al Se√Īor!

Hirió de muerte a los primogénitos de aquel país,
a las primicias de todo ser viviente;
sacó a su pueblo cargado de oro y plata,
y nadie desfalleció entre sus tribus:

√Čl se acord√≥ de la palabra sagrada,
que había dado a Abraham, su servidor,
e hizo salir a su pueblo con alegría,
a sus elegidos, entre cantos de triunfo


Evangelio seg√ļn San Lucas 18,1-8.
Jes√ļs ense√Ī√≥ con una par√°bola que era necesario orar siempre sin desanimarse:
"En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres;
y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: 'Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario'.
Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: 'Yo no temo a Dios ni me importan los hombres,
pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme'".
Y el Se√Īor dijo: "Oigan lo que dijo este juez injusto.
Y Dios, ¬Ņno har√° justicia a sus elegidos, que claman a √©l d√≠a y noche, aunque los haga esperar?
Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les har√° justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¬Ņencontrar√° fe sobre la tierra?".



Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.




Leer el comentario del Evangelio por : San Juan Clímaco
Dios, √ļnico maestro de la oraci√≥n



 
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