¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68





 
                    

miércoles 24 Noviembre 2010

Pablo Le Bao -Think

image Saber más cosas a propósito de los Santos del día

  Pablo Le Bao – Think


De la carta de San Pablo Le-Bao Think enviada en 1843 a los alumnos del Seminario Ke-Vindel.

Yo, Pablo, encadenado por el nombre de Cristo, quiero narrarles las tribulaciones en las que me veo sumergido cada día, de tal modo, que ustedes, por amor a Dios, le ofrezcan conmigo ardientes alabanzas, porque es eterna su misericordia.
Esta cárcel es realmente la imagen del infierno eterno; a toda clase de crueles suplicios, como son las esposas, las calumnias, las palabras obscenas, las disputas, los actos perversos, los juramentos  injustos, las maldiciones y por último las angustias y la tristeza.
Pero Dios que en otro tiempo libró a los tres jóvenes del horno encendido, siempre me está presente, y me ha librado de estas tribulaciones y las ha convertido en dulzura, porque es eterna su misericordia.


En medios de estos tormentos, que suelen quebrantar a los demás, por la gracia de Dios, yo estoy colmado de gozo y alegría, porque no estoy solo sino con Cristo.


Es nuestro Maestro el que soporta todo el peso de la cruz, y a mí solamente me deja la mínima y última parte. Él no es solo espectador de mi combate, sino que lucha y vence y consuma mi certamen. Por eso tiene sobre su cabeza la corona de la victoria, de cuya gloria también participa sus miembros.


¿ Cómo podría yo soportar este espectáculo al ver todos los días a los emperadores, a sus mandarines y a todos sus satélites blasfemar su santo nombre, Señor que te sientas sobre Querubines y Serafines? Mira, ¡ tu cruz es conculcada por los pies de paganos! ¿ Dónde está tu gloria? Al ver todas estas cosas, prefiero, encendido en tu amor, una vez cortados mis miembros, morir dando testimonio de tu amor.


Muéstrame Señor, tu poder, sálvame y sostenme, para que la fuerza se manifieste en mi debilidad y sea glorificado ante los pueblos, no sea que, si llegara a vacilar en el camino, tus enemigos puedan levantar altivamente la cabeza.


Hermanos queridísimos, al oír estas cosas, con alegría den gracias inmortales a Dios, de quién procede todo bien, bendigan conmigo al Señor,  porque es eterna su misericordia. Mi alma canta la grandeza del Señor y mi espíritu exulta en mi Dios, porque miró la humildad de su servidor y por ello me llamarán feliz las generaciones futuras: porque es eterna su misericordia. Alaben al Señor todas las naciones, glorifíquenlo, todos los pueblos, porque Dios eligió lo débil del mundo, para confundir lo fuerte, y Dios eligió lo vil, y despreciable del mundo para confundir lo noble. A través de mi boca y de mi inteligencia confunde a los filósofos que son discípulos de la sabiduría de éste mundo,  porque es eterna su misericordia.


Les escribo todo esto, para que se unan la fe de ustedes y la mía. En medio de ésta tempestad, arrojo el ancla hasta el trono de Dios; la esperanza viva que está en mi corazón.


Más ustedes, hermanos queridísimos, corran de  manera de alcanzar la corona, revistan la coraza de la fe y tomen la armadura de Cristo a diestra y siniestra, como enseñan San Pablo, mi patrono. Mejor es para ustedes entrar en la Vida con un solo ojo o lisiado, que ser arrojado fuera con todos los miembros.


Ayúdeme con sus oraciones, para que pueda luchar en buena ley, y de verdad pelear el buen combate y luchar hasta el fin. Para concluir felizmente mi carrera; aunque en ésta vida ya no nos volveremos a ver, en la futura ésta será nuestra felicidad, cuándo de pié ante el trono del Cordero inmaculado, unánimes cantemos sus alabanzas exultando en el gozo de la victoria para siempre. Amén

( A.Launay, Le clergé tonkinois et ses prétres martyrs, MEP, París, pp. 80-83)
De la carta de San Pablo Le-Bao-Think enviada en 1843 a los alumnos del Seminario Ke-Vinhdel.  






 
©Evangelizo.org 2001-2009