"¬ŅSe√Īor, a qui√©n iremos?. T√ļ tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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s√°bado 09 Julio 2016
S√°bado de la decimocuarta semana del tiempo ordinario



Libro de Isaías 6,1-8.
El a√Īo de la muerte del rey Oz√≠as, yo vi al Se√Īor sentado en un trono elevado y excelso, y las orlas de su manto llenaban el Templo.
Unos serafines estaban de pie por encima de él. Cada uno tenía seis alas: con dos se cubrían el rostro, y con dos se cubrían los pies, y con dos volaban.
Y uno gritaba hacia el otro: "¬°Santo, santo, santo es el Se√Īor de los ej√©rcitos! Toda la tierra est√° llena de su gloria".
Los fundamentos de los umbrales temblaron al clamor de su voz, y la Casa se llenó de humo.
Yo dije: "¬°Ay de m√≠, estoy perdido! Porque soy un hombre de labios impuros, y habito en medio de un pueblo de labios impuros; ¬°y mis ojos han visto al Rey, el Se√Īor de los ej√©rcitos!".
Uno de los serafines voló hacia mí, llevando en su mano una brasa que había tomado con unas tenazas de encima del altar.
El le hizo tocar mi boca, y dijo: "Mira: esto ha tocado tus labios; tu culpa ha sido borrada y tu pecado ha sido expiado".
Yo o√≠ la voz del Se√Īor que dec√≠a: "¬ŅA qui√©n enviar√© y qui√©n ir√° por nosotros?". Yo respond√≠: "¬°Aqu√≠ estoy: env√≠ame!".


Salmo 93(92),1ab.1c-2.5.
¬°Reina el Se√Īor, revestido de majestad!
El Se√Īor se ha revestido,
se ha ce√Īido de poder.
Tu trono est√° firme desde siempre,

t√ļ existes desde la eternidad.
Tus testimonios, Se√Īor, son dignos de fe,
la santidad embellece tu Casa
a lo largo de los tiempos.



Evangelio seg√ļn San Mateo 10,24-33.
Jes√ļs dijo a sus ap√≥stoles:
"El disc√≠pulo no es m√°s que el maestro ni el servidor m√°s que su due√Īo.
Al disc√≠pulo le basta ser como su maestro y al servidor como su due√Īo. Si al due√Īo de casa lo llamaron Belzebul, ¬°cu√°nto m√°s a los de su casa!
No les teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido.
Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.
No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman m√°s bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena.
¬ŅAcaso no se vende un par de p√°jaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que est√° en el cielo.
Ustedes tienen contados todos sus cabellos.
No teman entonces, porque valen m√°s que muchos p√°jaros.
Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo.
Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres."






 
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