"¬ŅSe√Īor, a qui√©n iremos?. T√ļ tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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domingo 30 Abril 2017
Tercer Domingo de Pascua



Libro de los Hechos de los Apóstoles 2,14.22-33.
El día de Pentecostés, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: "Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido.
Israelitas, escuchen: A Jes√ļs de Nazaret, el hombre que Dios acredit√≥ ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen,
a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de los infieles.
Pero Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio sobre él.
En efecto, refiri√©ndose a √©l, dijo David: Ve√≠a sin cesar al Se√Īor delante de m√≠, porque √©l est√° a mi derecha para que yo no vacile.
Por eso se alegra mi corazón y mi lengua canta llena de gozo. También mi cuerpo descansará en la esperanza,
porque t√ļ no entregar√°s mi alma al Abismo, ni dejar√°s que tu servidor sufra la corrupci√≥n.
T√ļ me has hecho conocer los caminos de la vida y me llenar√°s de gozo en tu presencia.
Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre nosotros hasta el día de hoy.
Pero como él era profeta, sabía que Dios le había jurado que un descendiente suyo se sentaría en su trono.
Por eso previó y anunció la resurrección del Mesías, cuando dijo que no fue entregado al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción.
A este Jes√ļs, Dios lo resucit√≥, y todos nosotros somos testigos.
Exaltado por el poder de Dios, él recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen."


Salmo 16(15),1-2a.5.7-8.9-10.11.
Protégeme, Dios mío,
porque me refugio en ti.
Yo digo al Se√Īor:
El Se√Īor es la parte de mi herencia y mi c√°liz,

¬°t√ļ decides mi suerte!
Bendecir√© al Se√Īor que me aconseja,
¬°hasta de noche me instruye mi conciencia!
Tengo siempre presente al Se√Īor:

él está a mi lado, nunca vacilaré.
Por eso mi corazón se alegra,
se regocijan mis entra√Īas
y todo mi ser descansa seguro:

porque no me entregar√°s a la Muerte
ni dejar√°s que tu amigo vea el sepulcro.
Me har√°s conocer el camino de la vida,
saci√°ndome de gozo en tu presencia,

de felicidad eterna a tu derecha.




Epístola I de San Pedro 1,17-21.
Queridos hermanos:
Y ya que ustedes llaman Padre a aquel que, sin hacer acepci√≥n de personas, juzga a cada uno seg√ļn sus obras, vivan en el temor mientras est√°n de paso en este mundo.
Ustedes saben que fueron rescatados de la vana conducta heredada de sus padres, no con bienes corruptibles, como el oro y la plata,
sino con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha y sin defecto,
predestinado antes de la creaci√≥n del mundo y manifestado en los √ļltimos tiempos para bien de ustedes.
Por él, ustedes creen en Dios, que lo ha resucitado y lo ha glorificado, de manera que la fe y la esperanza de ustedes estén puestas en Dios.


Evangelio seg√ļn San Lucas 24,13-35.
Ese mismo d√≠a, dos de los disc√≠pulos iban a un peque√Īo pueblo llamado Ema√ļs, situado a unos diez kil√≥metros de Jerusal√©n.
En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.
Mientras conversaban y discut√≠an, el mismo Jes√ļs se acerc√≥ y sigui√≥ caminando con ellos.
Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.
El les dijo: "¬ŅQu√© comentaban por el camino?". Ellos se detuvieron, con el semblante triste,
y uno de ellos, llamado Cleof√°s, le respondi√≥: "¬°T√ļ eres el √ļnico forastero en Jerusal√©n que ignora lo que pas√≥ en estos d√≠as!".
"¬ŅQu√© cosa?", les pregunt√≥. Ellos respondieron: "Lo referente a Jes√ļs, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo,
y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron.
Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas.
Es verdad que algunas mujeres que est√°n con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro
y al no hallar el cuerpo de Jes√ļs, volvieron diciendo que se les hab√≠an aparecido unos √°ngeles, asegur√°ndoles que √©l est√° vivo.
Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron".
Jes√ļs les dijo: "¬°Hombres duros de entendimiento, c√≥mo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!
¬ŅNo era necesario que el Mes√≠as soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?"
Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.
Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jes√ļs hizo adem√°n de seguir adelante.
Pero ellos le insistieron: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba". El entró y se quedó con ellos.
Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio.
Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.
Y se dec√≠an: "¬ŅNo ard√≠a acaso nuestro coraz√≥n, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?".
En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos,
y estos les dijeron: "Es verdad, ¬°el Se√Īor ha resucitado y se apareci√≥ a Sim√≥n!".
Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.






 
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