"¬ŅSe√Īor, a qui√©n iremos?. T√ļ tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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s√°bado 06 Mayo 2017
S√°bado de la tercera semana de Pascua



Libro de los Hechos de los Apóstoles 9,31-42.
La Iglesia, entre tanto, gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samar√≠a. Se iba consolidando, viv√≠a en el temor del Se√Īor y crec√≠a en n√ļmero, asistida por el Esp√≠ritu Santo.
Pedro, en una gira por todas las ciudades, visitó también a los santos que vivían en Lida.
All√≠ encontr√≥ a un paral√≠tico llamado Eneas, que estaba postrado en cama desde hac√≠a ocho a√Īos.
Pedro le dijo: "Eneas, Jesucristo te devuelve la salud: lev√°ntate, y arregla t√ļ mismo la cama". El se levant√≥ en seguida,
y al verlo, todos los habitantes de Lida y de la llanura de Sar√≥n se convirtieron al Se√Īor.
Entre los discípulos de Jope había una mujer llamada Tabitá, que quiere decir "gacela". Pasaba su vida haciendo el bien y repartía abundantes limosnas.
Pero en esos días se enfermó y murió. Después de haberla lavado, la colocaron en la habitación de arriba.
Como Lida está cerca de Jope, los discípulos, enterados de que Pedro estaba allí, enviaron a dos hombres para pedirle que acudiera cuanto antes.
Pedro sali√≥ en seguida con ellos. Apenas lleg√≥, lo llevaron a la habitaci√≥n de arriba. Todas las viudas lo rodearon y, llorando, le mostraban las t√ļnicas y los abrigos que les hab√≠a hecho Tabit√° cuando viv√≠a con ellas.
Pedro hizo salir a todos afuera, se puso de rodillas y comenzó a orar. Volviéndose luego hacia el cadáver, dijo: "Tabitá, levántate". Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó.
El la tomó de la mano y la hizo levantar. Llamó entonces a los hermanos y a las viudas, y se la devolvió con vida.
La noticia se extendi√≥ por toda la ciudad de Jope, y muchos creyeron en el Se√Īor.


Salmo 116(115),12-13.14-15.16-17.
¬ŅCon qu√© pagar√© al Se√Īor
todo el bien que me hizo?
Alzaré la copa de la salvación
e invocar√© el nombre del Se√Īor.

Cumplir√© mis votos al Se√Īor
en presencia de todo su pueblo.
¬°Qu√© penosa es para el Se√Īor
la muerte de sus amigos!

Yo, Se√Īor, soy tu servidor,
tu servidor, lo mismo que mi madre:
por eso rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
e invocar√© el nombre del Se√Īor.




Evangelio seg√ļn San Juan 6,60-69.
Despu√©s de o√≠rlo, muchos de sus disc√≠pulos dec√≠an: "¬°Es duro este lenguaje! ¬ŅQui√©n puede escucharlo?".
Jes√ļs, sabiendo lo que sus disc√≠pulos murmuraban, les dijo: "¬ŅEsto los escandaliza?
¬ŅQu√© pasar√°, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes?
El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida.
Pero hay entre ustedes algunos que no creen". En efecto, Jes√ļs sab√≠a desde el primer momento qui√©nes eran los que no cre√≠an y qui√©n era el que lo iba a entregar.
Y agregó: "Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede".
Desde ese momento, muchos de sus disc√≠pulos se alejaron de √©l y dejaron de acompa√Īarlo.
Jes√ļs pregunt√≥ entonces a los Doce: "¬ŅTambi√©n ustedes quieren irse?".
Sim√≥n Pedro le respondi√≥: "Se√Īor, ¬Ņa qui√©n iremos? T√ļ tienes palabras de Vida eterna.
Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios".






 
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