"¬ŅSe√Īor, a qui√©n iremos?. T√ļ tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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domingo 13 Agosto 2017
Decimonoveno Domingo del tiempo ordinario



Primer Libro de los Reyes 19,9a.11-13a.
All√≠, entr√≥ en la gruta y pas√≥ la noche. Entonces le fue dirigida la palabra del Se√Īor.
El Se√Īor le dijo: "Sal y qu√©date de pie en la monta√Īa, delante del Se√Īor". Y en ese momento el Se√Īor pasaba. Sopl√≥ un viento huracanado que part√≠a las monta√Īas y resquebrajaba las rocas delante del Se√Īor. Pero el Se√Īor no estaba en el viento. Despu√©s del viento, hubo un terremoto. Pero el Se√Īor no estaba en el terremoto.
Despu√©s del terremoto, se encendi√≥ un fuego. Pero el Se√Īor no estaba en el fuego. Despu√©s del fuego, se oy√≥ el rumor de una brisa suave.
Al o√≠rla, El√≠as se cubri√≥ el rostro con su manto, sali√≥ y se qued√≥ de pie a la entrada de la gruta. Entonces le lleg√≥ una voz, que dec√≠a: "¬ŅQu√© haces aqu√≠, El√≠as?".


Salmo 85(84),9ab-10.11-12.13-14.
Voy a proclamar lo que dice el Se√Īor:
el Se√Īor promete la paz,
Su salvación está muy cerca de sus fieles,
y la Gloria habitar√° en nuestra tierra.

El Amor y la Verdad se encontrar√°n,
la Justicia y la Paz se abrazar√°n;
la Verdad brotar√° de la tierra
y la Justicia mirar√° desde el cielo.

El mismo Se√Īor nos dar√° sus bienes
y nuestra tierra producir√° sus frutos.
La Justicia irá delante de él,
y la Paz, sobre la huella de sus pasos.



Carta de San Pablo a los Romanos 9,1-5.
Digo la verdad en Cristo, no miento, y mi conciencia me lo atestigua en el Espíritu Santo.
Siento una gran tristeza y un dolor constante en mi corazón.
Yo mismo desearía ser maldito, separado de Cristo, en favor de mis hermanos, los de mi propia raza.
Ellos son israelitas: a ellos pertenecen la adopción filial, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto y las promesas.
A ellos pertenecen tambi√©n los patriarcas, y de ellos desciende Cristo seg√ļn su condici√≥n humana, el cual est√° por encima de todo, Dios bendito eternamente. Am√©n.


Evangelio seg√ļn San Mateo 14,22-33.
En seguida, obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.
Despu√©s, subi√≥ a la monta√Īa para orar a solas. Y al atardecer, todav√≠a estaba all√≠, solo.
La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra.
A la madrugada, Jes√ļs fue hacia ellos, caminando sobre el mar.
Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. "Es un fantasma", dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.
Pero Jes√ļs les dijo: "Tranquil√≠cense, soy yo; no teman".
Entonces Pedro le respondi√≥: "Se√Īor, si eres t√ļ, m√°ndame ir a tu encuentro sobre el agua".
"Ven", le dijo Jes√ļs. Y Pedro, bajando de la barca, comenz√≥ a caminar sobre el agua en direcci√≥n a √©l.
Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, grit√≥: "Se√Īor, s√°lvame".
En seguida, Jes√ļs le tendi√≥ la mano y lo sostuvo, mientras le dec√≠a: "Hombre de poca fe, ¬Ņpor qu√© dudaste?".
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó.
Los que estaban en ella se postraron ante √©l, diciendo: "Verdaderamente, t√ļ eres el Hijo de Dios".






 
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