"¬ŅSe√Īor, a qui√©n iremos?. T√ļ tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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lunes 04 Septiembre 2017
Lunes de la vigésima segunda semana del tiempo ordinario



Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 4,13-18.
No queremos, hermanos, que vivan en la ignorancia acerca de los que ya han muerto, para que no estén tristes como los otros, que no tienen esperanza.
Porque nosotros creemos que Jes√ļs muri√≥ y resucit√≥: de la misma manera, Dios llevar√° con Jes√ļs a los que murieron con √©l.
Queremos decirles algo, fundados en la Palabra del Se√Īor: los que vivamos, los que quedemos cuando venga el Se√Īor, no precederemos a los que hayan muerto.
Porque a la se√Īal dada por la voz del Arc√°ngel y al toque de la trompeta de Dios, el mismo Se√Īor descender√° del cielo. Entonces, primero resucitar√°n los que murieron en Cristo.
Despu√©s nosotros, los que a√ļn vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos al cielo, sobre las nubes, al encuentro de Cristo, y as√≠ permaneceremos con el Se√Īor para siempre.
Consuélense mutuamente con estos pensamientos.


Salmo 96(95),1.3.4-5.11-12.13.
Canten al Se√Īor un canto nuevo,
cante al Se√Īor toda la tierra;
Anuncien su gloria entre las naciones,
y sus maravillas entre los pueblos.
Porque el Se√Īor es grande
y muy digno de alabanza,

m√°s temible que todos los dioses.
Los dioses de los pueblos
no son m√°s que apariencia,
pero el Se√Īor hizo el cielo.
Alégrese el cielo y exulte la tierra,
resuene el mar y todo lo que hay en él;

regocíjese el campo con todos sus frutos,
griten de gozo los √°rboles del bosque.
Griten de gozo delante del Se√Īor,
porque él viene a gobernar la tierra:
√Čl gobernar√° al mundo con justicia,
y a los pueblos con su verdad.



Evangelio seg√ļn San Lucas 4,16-30.
Jes√ļs fue a Nazaret, donde se hab√≠a criado; el s√°bado entr√≥ como de costumbre en la sinagoga y se levant√≥ para hacer la lectura.
Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
El Esp√≠ritu del Se√Īor est√° sobre m√≠, porque me ha consagrado por la unci√≥n. El me envi√≥ a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberaci√≥n a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos
y proclamar un a√Īo de gracia del Se√Īor.
Jes√ļs cerr√≥ el Libro, lo devolvi√≥ al ayudante y se sent√≥. Todos en la sinagoga ten√≠an los ojos fijos en √©l.
Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír".
Todos daban testimonio a favor de √©l y estaban llenos de admiraci√≥n por las palabras de gracia que sal√≠an de su boca. Y dec√≠an: "¬ŅNo es este el hijo de Jos√©?".
Pero √©l les respondi√≥: "Sin duda ustedes me citar√°n el refr√°n: 'M√©dico, c√ļrate a ti mismo'. Realiza tambi√©n aqu√≠, en tu patria, todo lo que hemos o√≠do que sucedi√≥ en Cafarna√ļn".
Despu√©s agreg√≥: "Les aseguro que ning√ļn profeta es bien recibido en su tierra.
Yo les aseguro que hab√≠a muchas viudas en Israel en el tiempo de El√≠as, cuando durante tres a√Īos y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azot√≥ a todo el pa√≠s.
Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón.
También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio".
Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron
y, levant√°ndose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intenci√≥n de despe√Īarlo.
Pero Jes√ļs, pasando en medio de ellos, continu√≥ su camino.






 
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