"¬ŅSe√Īor, a qui√©n iremos?. T√ļ tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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domingo 17 Septiembre 2017
Vigésimo cuarto Domingo del tiempo ordinario



Libro de Eclesi√°stico 27,30.28,1-7.
También el rencor y la ira son abominables, y ambas cosas son patrimonio del pecador.
El hombre vengativo sufrir√° la venganza del Se√Īor, que llevar√° cuenta exacta de todos sus pecados.
Perdona el agravio a tu prójimo y entonces, cuando ores, serán absueltos tus pecados.
Si un hombre mantiene su enojo contra otro, ¬Ņc√≥mo pretende que el Se√Īor lo sane?
No tiene piedad de un hombre semejante a él ¡y se atreve a implorar por sus pecados!
El, un simple mortal, guarda rencor: ¬Ņqui√©n le perdonar√° sus pecados?
Acuérdate del fin, y deja de odiar; piensa en la corrupción y en la muerte, y sé fiel a los mandamientos;
acuérdate de los mandamientos, y no guardes rencor a tu prójimo; piensa en la Alianza del Altísimo, y pasa por alto la ofensa.


Salmo 103(102),1-2.3-4.9-10.11-12.
Bendice al Se√Īor, alma m√≠a,
que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;
bendice al Se√Īor, alma m√≠a,
y nunca olvides sus beneficios.

El perdona todas tus culpas
y cura todas tus dolencias;
rescata tu vida del sepulcro,
te corona de amor y de ternura.

No acusa de manera inapelable
ni guarda rencor eternamente;
no nos trata seg√ļn nuestros pecados
ni nos paga conforme a nuestras culpas.

Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,
así de inmenso es su amor por los que lo temen;
cuanto dista el oriente del occidente,
así aparta de nosotros nuestros pecados.




Carta de San Pablo a los Romanos 14,7-9.
Ninguno de nosotros vive para sí, ni tampoco muere para sí.
Si vivimos, vivimos para el Se√Īor, y si morimos, morimos para el Se√Īor: tanto en la vida como en la muerte, pertenecemos al Se√Īor.
Porque Cristo muri√≥ y volvi√≥ a la vida para ser Se√Īor de los vivos y de los muertos.


Evangelio seg√ļn San Mateo 18,21-35.
Se adelant√≥ Pedro y le dijo: "Se√Īor, ¬Ņcu√°ntas veces tendr√© que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¬ŅHasta siete veces?".
Jes√ļs le respondi√≥: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.
El servidor se arroj√≥ a sus pies, dici√©ndole: "Se√Īor, dame un plazo y te pagar√© todo".
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontr√≥ a uno de sus compa√Īeros que le deb√≠a cien denarios y, tom√°ndolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'P√°game lo que me debes'.
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.
Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los dem√°s servidores, al ver lo que hab√≠a sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su se√Īor.
Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
¬ŅNo deb√≠as tambi√©n t√ļ tener compasi√≥n de tu compa√Īero, como yo me compadec√≠ de t√≠?'.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".






 
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