"¬ŅSe√Īor, a qui√©n iremos?. T√ļ tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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lunes 09 Octubre 2017
Lunes de la vigésima séptima semana del tiempo ordinario



Libro de Jon√°s 1,1-16.2,1.11.
La palabra del Se√Īor se dirigi√≥ a Jon√°s, hijo de Amitai, en estos t√©rminos:
"Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y clama contra ella, porque su maldad ha llegado hasta mí".
Pero Jon√°s parti√≥ para huir a Tarsis, lejos de la presencia del Se√Īor. Baj√≥ a Jope y encontr√≥ all√≠ un barco que zarpaba hacia Tarsis; pag√≥ su pasaje y se embarc√≥ para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia del Se√Īor.
Pero el Se√Īor envi√≥ un fuerte viento sobre el mar, y se desencaden√≥ una tempestad tan grande que el barco estaba a punto de partirse.
Los marineros, aterrados, invocaron cada uno a su dios, y arrojaron el cargamento al mar para aligerar la nave. Mientras tanto, Jonás había descendido al fondo del barco, se había acostado y dormía profundamente.
El jefe de la tripulaci√≥n se acerc√≥ a √©l y le pregunt√≥: "¬ŅQu√© haces aqu√≠ dormido? Lev√°ntate e invoca a tu dios. Tal vez ese dios se acuerde de nosotros, para que no perezcamos".
Luego se dijeron unos a otros: "Echemos suertes para saber por culpa de quién nos viene este desgracia". Así lo hicieron, y la suerte recayó sobre Jonás.
Entonces le dijeron: "Expl√≠canos por qu√© nos sobrevino esta desgracia. ¬ŅCu√°l es tu oficio? ¬ŅDe d√≥nde vienes? ¬ŅCu√°l es tu pa√≠s? ¬ŅA qu√© pueblo perteneces?".
El les respondi√≥: "Yo soy hebreo y venero al Se√Īor, el Dios del cielo, el que hizo el mar y la tierra".
Aquellos hombres sintieron un gran temor, y le dijeron: "¬°Qu√© has hecho!", ya que comprendieron, por lo que √©l les hab√≠a contado, que hu√≠a de la presencia del Se√Īor.
Y como el mar se agitaba cada vez m√°s, le preguntaron: "¬ŅQu√© haremos contigo para que el mar se nos calme?".
Jonás les respondió: "Levántenme y arrójenme al mar, y el mar se les calmará. Yo sé muy bien que por mi culpa les ha sobrevenido esta gran tempestad".
Los hombres se pusieron a remar con fuerza, para alcanzar tierra firme; pero no lo consiguieron, porque el mar se agitaba cada vez m√°s contra ellos.
Entonces invocaron al Se√Īor, diciendo: "¬°Se√Īor, que no perezcamos a causa de la vida de este hombre! No nos hagas responsables de una sangre inocente, ya que t√ļ, Se√Īor, has obrado conforme a tu voluntad".
Luego, levantaron a Jonás, lo arrojaron al mar, y en seguida se aplacó la furia del mar.
Los hombres, llenos de un gran temor al Se√Īor, le ofrecieron un sacrificio e hicieron votos.
El Se√Īor hizo que un gran pez se tragara a Jon√°s, y este permaneci√≥ en el vientre del pez tres d√≠as y tres noches.
Entonces el Se√Īor dio una orden al pez, y este arroj√≥ a Jon√°s sobre la tierra firme.


Libro de Jon√°s 2,2.3.4.5.8.
Entonces Jon√°s or√≥ al Se√Īor, su Dios,
desde el vientre del pez,
diciendo:
"Desde mi angustia invoqu√© al Se√Īor, y √©l me respondi√≥;

desde el seno del Abismo, ped√≠ auxilio, y t√ļ escuchaste mi voz.
T√ļ me arrojaste a lo m√°s profundo, al medio del mar:
la corriente me envolvía, ¡todos tus torrentes y tus olas pasaron sobre mí!
Entonces dije: He sido arrojado lejos de tus ojos,

pero yo seguiré mirando hacia tu santo Templo.
Cuando mi alma desfallec√≠a, me acord√© del Se√Īor,
y mi oración llegó hasta ti, hasta tu santo Templo.



Evangelio seg√ļn San Lucas 10,25-37.
Un doctor de la Ley se levant√≥ y le pregunt√≥ para ponerlo a prueba: "Maestro, ¬Ņqu√© tengo que hacer para heredar la Vida eterna?".
Jes√ļs le pregunt√≥ a su vez: "¬ŅQu√© est√° escrito en la Ley? ¬ŅQu√© lees en ella?".
El le respondi√≥: "Amar√°s al Se√Īor, tu Dios, con todo tu coraz√≥n, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu esp√≠ritu, y a tu pr√≥jimo como a ti mismo".
"Has respondido exactamente, le dijo Jes√ļs; obra as√≠ y alcanzar√°s la vida".
Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervenci√≥n, le hizo esta pregunta: "¬ŅY qui√©n es mi pr√≥jimo?".
Jes√ļs volvi√≥ a tomar la palabra y le respondi√≥: "Un hombre bajaba de Jerusal√©n a Jeric√≥ y cay√≥ en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dej√°ndolo medio muerto.
Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.
También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino.
Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.
Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.
Al d√≠a siguiente, sac√≥ dos denarios y se los dio al due√Īo del albergue, dici√©ndole: 'Cu√≠dalo, y lo que gastes de m√°s, te lo pagar√© al volver'.
¬ŅCu√°l de los tres te parece que se port√≥ como pr√≥jimo del hombre asaltado por los ladrones?".
"El que tuvo compasi√≥n de √©l", le respondi√≥ el doctor. Y Jes√ļs le dijo: "Ve, y procede t√ļ de la misma manera".






 
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