"¬ŅSe√Īor, a qui√©n iremos?. T√ļ tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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domingo 12 Noviembre 2017
Trigésimo segundo Domingo del tiempo ordinario



Libro de la Sabiduría 6,12-16.
La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan.
Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean.
El que madruga para buscarla no se fatigar√°, porque la encontrar√° sentada a su puerta.
Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes.
La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y les sale al encuentro en todos sus pensamientos.


Salmo 63(62),2.3-4.5-6.7-8.
Se√Īor, t√ļ eres mi Dios,
yo te busco ardientemente;
mi alma tiene sed de ti,
por ti suspira mi carne
como tierra sedienta, reseca y sin agua.
Sí, yo te contemplé en el Santuario

para ver tu poder y tu gloria.
Porque tu amor vale m√°s que la vida,
mis labios te alabar√°n.
Así te bendeciré mientras viva
y alzaré mis manos en tu Nombre.
Mi alma quedar√° saciada

como con un manjar delicioso,
y mi boca te alabar√°
con j√ļbilo en los labios.
Mientras me acuerdo de ti en mi lecho
y en las horas de la noche medito en ti,
Veo que has sido mi ayuda

y soy feliz a la sombra de tus alas.


Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 4,13-18.
No queremos, hermanos, que vivan en la ignorancia acerca de los que ya han muerto, para que no estén tristes como los otros, que no tienen esperanza.
Porque nosotros creemos que Jes√ļs muri√≥ y resucit√≥: de la misma manera, Dios llevar√° con Jes√ļs a los que murieron con √©l.
Queremos decirles algo, fundados en la Palabra del Se√Īor: los que vivamos, los que quedemos cuando venga el Se√Īor, no precederemos a los que hayan muerto.
Porque a la se√Īal dada por la voz del Arc√°ngel y al toque de la trompeta de Dios, el mismo Se√Īor descender√° del cielo. Entonces, primero resucitar√°n los que murieron en Cristo.
Despu√©s nosotros, los que a√ļn vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos al cielo, sobre las nubes, al encuentro de Cristo, y as√≠ permaneceremos con el Se√Īor para siempre.
Consuélense mutuamente con estos pensamientos.


Evangelio seg√ļn San Mateo 25,1-13.
Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes.
Las necias tomaron sus l√°mparas, pero sin proveerse de aceite,
mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos.
Como el esposo se hac√≠a esperar, les entr√≥ sue√Īo a todas y se quedaron dormidas.
Pero a medianoche se oyó un grito: 'Ya viene el esposo, salgan a su encuentro'.
Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas.
Las necias dijeron a las prudentes: '¬ŅPodr√≠an darnos un poco de aceite, porque nuestras l√°mparas se apagan?'.
Pero estas les respondieron: 'No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado'.
Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta.
Despu√©s llegaron las otras j√≥venes y dijeron: 'Se√Īor, se√Īor, √°brenos',
pero él respondió: 'Les aseguro que no las conozco'.
Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.






 
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