"¬ŅSe√Īor, a qui√©n iremos?. T√ļ tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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miércoles 22 Noviembre 2017
Miércoles de la trigésima tercera semana del tiempo ordinario



Segundo Libro de Macabeos 7,1.20-31.
También fueron detenidos siete hermanos, junto con su madre. El rey, flagelándolos con azotes y tendones de buey, trató de obligarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la Ley.
Incomparablemente admirable y digna del m√°s glorioso recuerdo fue aquella madre que, viendo morir a sus siete hijos en un solo d√≠a, soport√≥ todo valerosamente, gracias a la esperanza que ten√≠a puesta en el Se√Īor.
Llena de nobles sentimientos, exhortaba a cada uno de ellos, hablándoles en su lengua materna. Y animando con un ardor varonil sus reflexiones de mujer, les decía:
"Yo no s√© c√≥mo ustedes aparecieron en mis entra√Īas; no fui yo la que les dio el esp√≠ritu y la vida ni la que orden√≥ armoniosamente los miembros de su cuerpo.
Pero sé que el Creador del universo, el que plasmó al hombre en su nacimiento y determinó el origen de todas las cosas, les devolverá misericordiosamente el espíritu y la vida, ya que ustedes se olvidan ahora de sí mismos por amor de sus leyes".
Ant√≠oco pens√≥ que se estaba burlando de √©l y sospech√≥ que esas palabras eran un insulto. Como a√ļn viv√≠a el m√°s joven, no s√≥lo trataba de convencerlo con palabras, sino que le promet√≠a con juramentos que lo har√≠a rico y feliz, si abandonaba las tradiciones de sus antepasados. Le aseguraba asimismo que lo har√≠a su Amigo y le confiar√≠a altos cargos.
Pero como el joven no le hac√≠a ning√ļn caso, el rey hizo llamar a la madre y le pidi√≥ que aconsejara a su hijo, a fin de salvarle la vida.
Después de mucho insistir, ella accedió a persuadir a su hijo.
Entonces, acerc√°ndose a √©l y burl√°ndose del cruel tirano, le dijo en su lengua materna: "Hijo m√≠o, ten compasi√≥n de m√≠, que te llev√© nueve meses en mis entra√Īas, te amamant√© durante tres a√Īos y te cri√© y eduqu√©, d√°ndote el alimento, hasta la edad que ahora tienes.
Yo te suplico, hijo mío, que mires al cielo y a la tierra, y al ver todo lo que hay en ellos, reconozcas que Dios lo hizo todo de la nada, y que también el género humano fue hecho de la misma manera.
No temas a este verdugo: muéstrate más bien digno de tus hermanos y acepta la muerte, para que yo vuelva a encontrarte con ellos en el tiempo de la misericordia".
Apenas ella termin√≥ de hablar, el joven dijo: "¬ŅQu√© esperan? Yo no obedezco el decreto del rey, sino las prescripciones de la Ley que fue dada a nuestros padres por medio de Mois√©s.
Y t√ļ, que eres el causante de todas las desgracias de los hebreos, no escapar√°s de las manos de Dios.


Salmo 17(16),1.5-6.8b.15.
Escucha, Se√Īor, mi justa demanda,
atiende a mi clamor;
presta oído a mi plegaria,
porque en mis labios no hay falsedad.

Y mis pies se mantuvieron firmes
en los caminos se√Īalados:
¬°mis pasos nunca se apartaron de tus huellas!
Yo te invoco, Dios m√≠o, porque t√ļ me respondes:

inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras.
Escóndeme a la sombra de tus alas.
Pero yo, por tu justicia, contemplaré tu rostro,
y al despertar, me saciaré de tu presencia.



Evangelio seg√ļn San Lucas 19,11-28.
Jes√ļs dijo una par√°bola, porque estaba cerca de Jerusal√©n y la gente pensaba que el Reino de Dios iba a aparecer de un momento a otro.
El les dijo: "Un hombre de familia noble fue a un país lejano para recibir la investidura real y regresar en seguida.
Llamó a diez de sus servidores y les entregó cien monedas de plata a cada uno, diciéndoles: 'Háganlas producir hasta que yo vuelva'.
Pero sus conciudadanos lo odiaban y enviaron detrás de él una embajada encargada de decir: 'No queremos que este sea nuestro rey'.
Al regresar, investido de la dignidad real, hizo llamar a los servidores a quienes había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno.
El primero se present√≥ y le dijo: 'Se√Īor, tus cien monedas de plata han producido diez veces m√°s'.
'Está bien, buen servidor, le respondió, ya que has sido fiel en tan poca cosa, recibe el gobierno de diez ciudades'.
Lleg√≥ el segundo y le dijo: 'Se√Īor, tus cien monedas de plata han producido cinco veces m√°s'.
A √©l tambi√©n le dijo: 'T√ļ estar√°s al frente de cinco ciudades'.
Lleg√≥ el otro y le dijo: 'Se√Īor, aqu√≠ tienes tus cien monedas de plata, que guard√© envueltas en un pa√Īuelo.
Porque tuve miedo de ti, que eres un hombre exigente, que quieres percibir lo que no has depositado y cosechar lo que no has sembrado'.
El le respondió: 'Yo te juzgo por tus propias palabras, mal servidor. Si sabías que soy un hombre exigentes, que quiero percibir lo que no deposité y cosechar lo que no sembré,
¬Ņpor qu√© no entregaste mi dinero en pr√©stamo? A mi regreso yo lo hubiera recuperado con intereses'.
Y dijo a los que estaban allí: 'Quítenle las cien monedas y dénselas al que tiene diez veces más'.
'¬°Pero, se√Īor, le respondieron, ya tiene mil!'.
Les aseguro que al que tiene, se le dar√°; pero al que no tiene, se le quitar√° a√ļn lo que tiene.
En cuanto a mis enemigos, que no me han querido por rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia".
Despu√©s de haber dicho esto, Jes√ļs sigui√≥ adelante, subiendo a Jerusal√©n.






 
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