"¬ŅSe√Īor, a qui√©n iremos?. T√ļ tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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martes 30 Enero 2018
Martes de la cuarta semana del tiempo ordinario



Segundo Libro de Samuel 18,9-10.14b.24-25a.30-32.19,1-3.
De pronto, Absalón se encontró frente a los servidores de David. Iba montado en un mulo, y este se metió bajo el tupido ramaje de una gran encina, de manera que la cabeza de Absalón quedó enganchada en la encina. Así él quedó colgado entre el cielo y la tierra, mientras el mulo seguía de largo por debajo de él.
Al verlo, un hombre avisó a Joab: "¡Acabo de ver a Absalón colgado de una encina!".
Entonces Joab replicó: "No voy a perder más tiempo contigo". Y tomando en su mano tres dardos, los clavó en el corazón de Absalón, que estaba todavía vivo en medio de la encina.
David estaba sentado entre las dos puertas. El centinela, que había subido a la azotea de la Puerta, encima de la muralla, alzó los ojos y vio a un hombre que corría solo.
El centinela lanzó un grito y avisó al rey. El rey dijo: "Si está solo, trae una buena noticia". Mientras el hombre se iba acercando,
El rey le ordenó: "Retírate y quédate allí". El se retiró y se quedó de pie.
En seguida lleg√≥ el cusita y dijo: "¬°Que mi se√Īor, el rey, se entere de la buena noticia! El Se√Īor hoy te ha hecho justicia, libr√°ndote de todos los que se sublevaron contra ti".
El rey pregunt√≥ al cusita: "¬ŅEst√° bien el joven Absal√≥n?". El cusita respondi√≥: "¬°Que tengan suerte de ese joven los enemigos de mi se√Īor, el rey, y todos los rebeldes que buscan tu desgracia!".
El rey se estremeció, subió a la habitación que estaba arriba de la Puerta y se puso a llorar. Y mientras iba subiendo, decía: "¡Hijo mío, Absalón, hijo mío! ¡Hijo mío, Absalón! ¡Ah, si hubiera muerto yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío!".
Entonces avisaron a Joab: "El rey llora y se lamenta por Absalón".
La victoria, en aquel día, se convirtió en duelo para todo el pueblo, porque todos habían oído que el rey estaba muy afligido a causa de su hijo.


Salmo 86(85),1-2.3-4.5-6.
Inclina tu o√≠do, Se√Īor, resp√≥ndeme,
porque soy pobre y miserable;
protégeme, porque soy uno de tus fieles,
salva a tu servidor que en ti confía.

T√ļ eres mi Dios: ten piedad de m√≠, Se√Īor,
porque te invoco todo el día;
reconforta el √°nimo de tu servidor,
porque a ti, Se√Īor, elevo mi alma.

T√ļ, Se√Īor, eres bueno e indulgente,
rico en misericordia con aquellos que te invocan:
¬°atiende, Se√Īor, a mi plegaria,
escucha la voz de mi s√ļplica!



Evangelio seg√ļn San Marcos 5,21-43.
Cuando Jes√ļs regres√≥ en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reuni√≥ a su alrededor, y √©l se qued√≥ junto al mar.
Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies,
rog√°ndole con insistencia: "Mi hijita se est√° muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva".
Jes√ļs fue con √©l y lo segu√≠a una gran multitud que lo apretaba por todos lados.
Se encontraba all√≠ una mujer que desde hac√≠a doce a√Īos padec√≠a de hemorragias.
Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor.
Como hab√≠a o√≠do hablar de Jes√ļs, se le acerc√≥ por detr√°s, entre la multitud, y toc√≥ su manto,
porque pensaba: "Con sólo tocar su manto quedaré curada".
Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.
Jes√ļs se dio cuenta en seguida de la fuerza que hab√≠a salido de √©l, se dio vuelta y, dirigi√©ndose a la multitud, pregunt√≥: "¬ŅQui√©n toc√≥ mi manto?".
Sus disc√≠pulos le dijeron: "¬ŅVes que la gente te aprieta por todas partes y preguntas qui√©n te ha tocado?".
Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.
Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad.
Jes√ļs le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad".
Todav√≠a estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: "Tu hija ya muri√≥; ¬Ņpara qu√© vas a seguir molestando al Maestro?".
Pero Jes√ļs, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que creas".
Y sin permitir que nadie lo acompa√Īara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago,
fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba.
Al entrar, les dijo: "¬ŅPor qu√© se alborotan y lloran? La ni√Īa no est√° muerta, sino que duerme".
Y se burlaban de √©l. Pero Jes√ļs hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la ni√Īa, y a los que ven√≠an con √©l, entr√≥ donde ella estaba.
La tom√≥ de la mano y le dijo: "Talit√° kum", que significa: "¬°Ni√Īa, yo te lo ordeno, lev√°ntate".
En seguida la ni√Īa, que ya ten√≠a doce a√Īos, se levant√≥ y comenz√≥ a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro,
y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.






 
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